Cada bastidor recorre un camino corto y controlado antes de llegar a tus manos. No hay almacenes intermedios ni cajas que viajen durante semanas: el aro se revisa, se envuelve y se prepara por lotes pequeños, siguiendo el ritmo de la madera y no el de una cadena de montaje.
Nos cuentas qué labor tienes entre manos: un muestrario pequeño, una cenefa larga o una pieza que ocupará varias tardes. Con eso definimos el diámetro del aro, el tipo de madera y si conviene añadir un contador de vueltas. Si dudas entre dos medidas, te explicamos cómo afecta cada una a la tensión del lino.
Antes de envolver nada, comprobamos la superficie lijada del aro y el funcionamiento del tornillo o del contador. Cualquier pieza que presente una veta áspera o un giro poco firme se aparta y se retrabaja. Preferimos retrasar un envío antes que mandar un bastidor que marque la tela.
El aro viaja envuelto en papel de seda y cartón rígido, sin plásticos innecesarios. El contador de vueltas se guarda aparte, en una bolsa de tela de algodón, para que no roce la madera durante el trayecto. Dentro de la caja encontrarás una tarjeta con indicaciones para montar el lino y ajustar la tensión sin forzar el aro.
Los pedidos se preparan por lotes pequeños, así que el envío sigue el compás del taller y no responde a urgencias. Cuando el paquete llega, el bastidor ya está listo para tensar la tela. Si algo no encaja con lo que esperabas, escríbenos antes de forzar la pieza: casi siempre se resuelve con un ajuste sencillo.
Puedes ver el detalle de materiales y acabados en nuestros estándares de fabricación, o escribirnos directamente desde la página de contacto para contarnos tu labor.
Antes de cerrar una caja revisamos el aro, el mecanismo y la tela de referencia. Si algo no encaja con lo acordado, se corrige en el taller y no sale del banco de trabajo.
Cada envío corresponde a los bastidores, marcos y accesorios confirmados por escrito antes de preparar el lote. Cualquier pieza añadida después de esa confirmación se trata como un pedido aparte, con su propia revisión y su propio embalaje.
Los pedidos se agrupan por lotes pequeños para poder revisar el grano de la madera y el giro del contador antes de envolver. Por eso no fijamos fechas exactas: el ritmo lo marca el secado y el lijado, no una agenda comercial.
La tarjeta que va dentro de la caja explica cómo colocar el lino y ajustar la tensión sin forzar la madera. Si la tela queda demasiado tirante, el aro puede ceder con el uso; si queda floja, las puntadas se deforman. Conviene probar antes de empezar una labor larga.
Usamos cartón rígido y papel de seda, y el contador viaja en una bolsa de algodón separado del aro para evitar roces. Si una pieza llega con una marca en la superficie lijada, escríbenos a info@finntracker.com con una foto y lo revisamos caso por caso.
Un bastidor de madera no sale del taller el mismo día que se corta. Antes de cerrar la caja hay varias manos que revisan, envuelven y comprueban que el contador de vueltas funcione con la suavidad esperada. Este es el orden habitual de ese recorrido, sin atajos.
Se eligen las tablillas de abedul o haya según el diámetro del bastidor. Cada aro se comprueba a mano para descartar nudos abiertos o vetas que puedan abrirse con la tensión del lino.
El borde interior recibe el lijado más cuidadoso, porque es la zona que roza la tela durante horas. Después se repasa el exterior hasta que la madera queda uniforme al pasar la palma.
El mecanismo se acciona varias veces seguidas antes de fijarlo. Si el pulgar encuentra resistencia o el giro se traba, la pieza vuelve al banco en lugar de salir del taller.
Los pedidos se agrupan en tandas cortas. El aro viaja envuelto en papel de seda dentro de cartón rígido, y el contador va aparte en una bolsa de algodón para que no roce la madera lijada.
Dentro de la caja se incluye una tarjeta sobre cómo montar el lino y ajustar la tensión sin forzar el aro. El envío sigue el ritmo del taller, sin plásticos innecesarios.