Cómo elegir el bastidor de bordado adecuado para cada labor
Medidas, madera y tensión de la tela en el bordado a mano
El bastidor influye directamente en la tensión de la tela y en la comodidad de la mano durante las sesiones largas. Un aro demasiado grande obliga a mover el tejido constantemente, mientras que uno pequeño deja marcas en las zonas ya bordadas. En esta guía se comparan diámetros habituales, maderas lijadas como el abedul y el haya, y sistemas de tornillo que permiten ajustar la presión sin deformar el lino. También se explica cómo colocar la tela sin estirarla en exceso y cómo guardar el bastidor entre jornadas para que la madera no se deforme.
Antes de decidir, conviene pensar en el motivo y no en el aro. Un bordado floral de doce centímetros cabe bien en un diámetro de quince o dieciocho, con el pulgar apoyado cerca del borde y la aguja entrando en ángulo cómodo. Las cenefas largas, en cambio, piden un bastidor cuadrado con tornillo lateral: la tela se sujeta por los cuatro lados y el lino no cede en las esquinas. Si la labor es un muestrario de puntos pequeños, un aro de veinte centímetros es suficiente y se sostiene sin cansar la muñeca.
La madera también se nota en la mano. El abedul lijado es claro y ligero, y se calienta rápido con el roce de los dedos. El haya pesa algo más y aguanta mejor la presión del tornillo cuando se trabaja sobre lino grueso. En ambos casos, un barniz fino protege la fibra sin volver la superficie resbaladiza. Al colocar la tela, se extiende sobre el aro interior sin tirar de las orillas: basta con que quede tirante al pasar la palma. Entre jornadas, el bastidor se guarda sin tela y con el tornillo flojo, apoyado en vertical, para que el aro no coja forma ovalada.